
Puente de Dios
De carrera descendente por la sierra, el río Tamasopo a su paso encontró una barrera rocosa. A él le tomó tiempo, pero aunque dura logró hacer de ella una grande, honda, hermosa y casi circular poza con paredes cubiertas de musgo y brillo de humedad, además de escurrimientos cristalinos que la hacen llorar.
Por camino desde siempre conocido, llega con su agua de un azul intenso sin que el verde que lo rodea lo haga menos; y a ella, apenas la saluda, la contempla y oculto, sigiloso, orgulloso de su obra opta escabullirse bajo el Puente de Dios que construyera a base de paciencia en una peña, afanoso de por el otro lado continuar hasta formar, luego, las cascadas.